Buenos Aires, 24 octubre (NA) — El presidente de la República Federativa del Brasil, Luiz Inácio "Lula" da Silva, tiene 80 años y casi medio siglo de trayectoria política. Este domingo buscará continuar en el cargo y acceder a un cuarto mandato presidencial. Fundador del Partido de los Trabajadores (PT), Lula competirá en un escenario de polarización con su rival de derecha, Flávio Bolsonaro.
El mandatario perdió la elección regular, en la que fue el segundo más votado, y las encuestas le daban un pronóstico desfavorable. El contexto internacional tampoco lo favorece, según el texto, por el resurgimiento de las derechas en América del Sur y el “viento de cola” que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le aporta a Flávio Bolsonaro, ganador del 4 de octubre. Lula tiene un origen humilde y en su juventud trabajó como tornero mecánico.
En una fábrica perdió parte del dedo meñique de la mano izquierda durante un accidente laboral, según consta en el archivo de la Agencia Noticias Argentinas. Durante la dictadura militar fue uno de los principales organizadores de las mayores huelgas, que pusieron en jaque al régimen y aceleraron su caída. También se convirtió en el primer presidente de origen obrero de la historia de Brasil.
Fue derrotado en las elecciones presidenciales de 1989, 1994 y 1998. En 2002 obtuvo la victoria y cuatro años después logró la reelección. Tras asumir el 1 de enero de 2003, y con una popularidad reflejada en el 61% de los votos obtenidos, Lula puso en marcha un gobierno reformista de izquierda.
Durante su gestión hubo baja inflación, una alta tasa de crecimiento del PBI, una reducción del desempleo, una mayor división de ingresos y aumentos de la balanza comercial. También impulsó las exportaciones y la creación de microcréditos, entre otras medidas. Una de sus decisiones económicas más destacadas fue cancelar anticipadamente las deudas con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, en una línea bastante alineada con el rumbo que Néstor Kirchner le daba a la Argentina.
Entre 2003 y 2010, los ingresos del 10 % de la población más pobre crecieron un 8 % anual. El incremento fue superior al de la economía y al de los ingresos del 10 % más rico, que avanzaron un 1,5 %. En enero de 2003, cuando Lula asumió, Brasil tenía un PIB anual de 0,50 billones de dólares estadounidenses y ocupaba el puesto 13.º en la lista de países.
En enero de 2011, cuando dejó la presidencia, el PIB anual era de 2,6 billones de dólares estadounidenses y Brasil se ubicaba en el puesto 6.º. Lula puso en marcha el programa Fome Zero (“Hambre Cero”), que permitía a las familias indigentes acceder a alimentos básicos mediante la asistencia social. Durante su primer mandato, la desnutrición infantil se redujo un 46 %.
En mayo de 2010, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU le concedió a Lula da Silva el título de “campeón mundial de la lucha contra el hambre”. En 2005, el escándalo del “mensalao” (“mensualidad”) expuso una trama de corrupción en la Cámara de Diputados de Brasil que involucró a legisladores del PT, el Partido Popular Socialista, el Partido Laborista Brasileño y otras formaciones. Pese a la crisis, Lula logró salir airoso.
En las elecciones de 2006, Lula obtuvo el 48% de los votos frente al 41% del socialdemócrata Geraldo Alckmin. En la segunda vuelta se impuso con el 60,82% de los sufragios, más de 58 millones de votos. La investigación por corrupción denominada Operación Lava Jato destapó un esquema de sobornos que derivó en el juicio político a Dilma Rousseff en 2016.
Lula fue condenado por corrupción en 2017, en una causa relacionada con un apartamento de lujo frente a la playa que, según los fiscales, la constructora OAS le había prometido a cambio de favores. Dos años después, la Corte Suprema lo absolvió por unanimidad en una de las causas. Al salir de la sede de la Policía Federal en Curitiba, dijo: “No encarcelaron a un hombre.
Intentaron matar una idea. Pero no se puede matar una idea”. Lula se presentó a las elecciones presidenciales de 2022 y ganó por un margen de 1,8 puntos, unos 2,1 millones de votos.
Fue la elección presidencial más reñida de la historia de Brasil. La actual gestión del mandatario del PT estuvo marcada por enfrentamientos diplomáticos con Estados Unidos, durante el gobierno de Donald Trump, por aranceles y prácticas comerciales. Este año, Trump impuso nuevos aranceles a productos brasileños, incluido un gravamen del 25% a algunos productos a los que Estados Unidos atribuyó prácticas comerciales desleales.
Lula rechazó las acusaciones y llegó a decir: “Brasil no es el patio trasero de nadie”. Más allá de esas disputas, el mandatario mantiene un amplio respaldo en el mundo del espectáculo local: los músicos Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque y Geraldo Azevedo cantaron un jingle a favor de su reelección, bajo el eslogan “Bora, Lula” (“Vamos, Lula”). Ahora Lula deberá convencer al electorado para que lo apoye en su intento de acceder por cuarta vez al Palacio del Planalto.
Entre los factores en contra está el denominado “voto religioso”, que tiene fuerza en Brasil. Las huelgas de 1978 le dieron proyección nacional como líder, recuerda el sitio RFI, que visitó la primera fábrica donde trabajó. Wellington Damasceno, actual presidente del sindicato, considera que es “un honor y un orgullo, porque era un trabajador como ellos y ascendió a la presidencia de la República de Brasil, el cargo más importante.”.
En la fábrica lo recuerdan con afecto, aunque admiten que falta relevo generacional en el PT. También temen que con Bolsonaro se produzca “el desmonte de la estructura de leyes laborales de nuestro país, lo que ya pasó con Temer, en 2017 con la reforma laboral”.















