Francia volvió a ser escenario este jueves 5 de noviembre de una jornada de huelgas y manifestaciones, con al menos 600.000 participantes en todo el país, según las primeras estimaciones del Ministerio del Interior. La Confederación General del Trabajo (CGT), en cambio, calculó que casi 1,6 millones de personas participaron de las movilizaciones, incluidas unas 350.000 en París. Las protestas fueron convocadas por organizaciones sindicales para reclamar mejoras salariales, medidas frente al aumento del costo de vida y mayor protección de los servicios públicos.
La jornada reunió a trabajadores del sector público y privado, estudiantes secundarios y universitarios, organizaciones sociales y representantes de otros sectores. Las manifestaciones se realizaron en París y en ciudades como Marsella, Burdeos, Lille, Toulouse, Lyon, Nantes y Rennes. También hubo incidentes, enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, bloqueos de establecimientos educativos y restricciones en algunos servicios.
El Gobierno del presidente Emmanuel Macron dispuso un operativo de 70.000 policías y gendarmes para controlar las concentraciones y prevenir nuevos episodios de violencia. La medida fue anunciada por el ministro del Interior, Laurent Nuñez, en el marco de los hechos registrados durante las protestas de octubre, en particular los incidentes del día 17. El principal reclamo sindical está relacionado con la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores franceses y las dificultades para afrontar los gastos cotidianos.
La CGT, encabezada por Sophie Binet, pide un aumento del 10% en el salario mínimo interprofesional de crecimiento, conocido en Francia como SMIC. Durante la movilización de París, Binet destacó la participación de trabajadores y organizaciones sociales. “Ya sabemos que esta jornada será un éxito”, expresó al encabezar la marcha, que comenzó en la plaza de la República. Luego, la dirigente de la CGT insistió en la necesidad de obtener una mejora salarial y sostuvo que las protestas debían traducirse en respuestas concretas.
Por su parte, la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), conducida por Marylise Léon, reclamó un incremento extraordinario de 100 euros en el salario mínimo. Léon pidió respuestas al Gobierno, en su condición de empleador público, y también a los responsables de empresas y organizaciones patronales. Las demandas sindicales se centran en los ingresos de los trabajadores y en las dificultades de numerosos hogares para llegar a fin de mes.
Las cifras difundidas por las organizaciones sindicales fueron superiores a las estimaciones oficiales. Según el relevamiento de la CGT, París concentró aproximadamente 350.000 manifestantes. En Marsella, la central sindical contabilizó 150.000 participantes y, en Burdeos, informó una concurrencia de 120.000 personas.
También estimó 100.000 manifestantes en Lille, 80.000 en Toulouse y 55.000 en Lyon. En Nantes y Rennes, la CGT calculó 35.000 participantes en cada ciudad. En Lyon, la prefectura contabilizó 30.500 manifestantes, mientras que la central sindical informó la participación de 55.000 personas.
De acuerdo con la CGT, la convocatoria en Lyon superó la registrada durante las protestas contra la reforma del sistema de pensiones de 2023. A nivel nacional, el Ministerio del Interior estimó al menos 600.000 participantes, frente a los 450.000 que los sindicatos habían contabilizado en la protesta del 6 de octubre. La jornada también estuvo marcada por incidentes en distintas ciudades francesas.
En Lyon, efectivos de la Policía antidisturbios utilizaron gases lacrimógenos y realizaron cargas contra grupos de manifestantes. Algunos participantes llevaban el rostro cubierto y vestían de negro, mientras se escuchaban consignas dirigidas contra las fuerzas de seguridad. Durante los enfrentamientos, un fotógrafo de la agencia AFP que tenía una identificación de prensa recibió cinco golpes de porra en una intervención policial.
El Ministerio del Interior informó además sobre situaciones de violencia en las inmediaciones de establecimientos educativos de Rennes, Toulouse, Burdeos, Estrasburgo y París. Entre los hechos mencionados hubo incendios, uso de artefactos pirotécnicos, interrupciones del tránsito y lanzamiento de objetos contra agentes policiales. “Manifestarse es un derecho, pero no se puede tolerar que se ponga en peligro a los demás ni que se causen daños materiales”, señaló el Ministerio del Interior en una publicación oficial. Uno de los episodios ocurrió en las inmediaciones de Toulouse, en el suroeste de Francia.
Según reportes difundidos por medios franceses, un establecimiento de enseñanza secundaria fue incendiado durante la mañana del jueves. El hecho se produjo mientras distintos grupos estudiantiles participaban en protestas y bloqueos de instituciones educativas. Las autoridades también reportaron situaciones de tensión en otros establecimientos secundarios del país.
El episodio se sumó a los incidentes registrados durante las últimas semanas, cuando manifestaciones contra el costo de vida terminaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Las autoridades francesas mantienen investigaciones vinculadas con hechos de violencia ocurridos en anteriores jornadas de protesta. La convocatoria sindical tuvo el acompañamiento de organizaciones estudiantiles, que realizaron bloqueos y concentraciones en distintos puntos de Francia.
En París, decenas de estudiantes secundarios se reunieron durante la mañana en la rue de Rivoli, donde había un operativo policial. Las organizaciones de docentes y estudiantes difundieron cifras distintas sobre la cantidad de establecimientos afectados. El sindicato Snes-FSU, principal organización de enseñanza secundaria, estimó que alrededor de un millar de institutos estaban bloqueados o cerrados administrativamente.
El Gobierno, en cambio, contabilizó 81 establecimientos afectados sobre un total de 3.700 centros educativos. El Ministerio de Educación informó que aproximadamente el 16% del profesorado participaba de la huelga. En el nivel universitario también hubo diferencias entre las estimaciones oficiales y las difundidas por las organizaciones estudiantiles.
El Gobierno indicó que un tercio de los establecimientos de educación superior estaba afectado, mientras que la Unión Estudiantil aseguró que el 90% de las aproximadamente 70 universidades francesas registraba algún tipo de movilización, bloqueo o cierre. La jornada también tuvo consecuencias para dos de los principales monumentos turísticos de Francia. La Torre Eiffel y el Arco del Triunfo permanecieron cerrados durante el jueves e impidieron el ingreso de visitantes que habían llegado hasta ambos lugares.
El cierre se produjo en el contexto de las movilizaciones sindicales y del operativo de seguridad desplegado en la capital. A pesar de las protestas, el transporte público funcionó con relativa normalidad en buena parte del país. Una de las excepciones fue Angulema, donde no circuló ningún autobús durante la jornada de huelga.
En París, las autoridades finalmente autorizaron que la principal manifestación recorriera sectores céntricos, luego de las diferencias entre los organizadores y la prefectura por el itinerario. En otras ciudades, como Burdeos, Estrasburgo, Lyon y Toulouse, los sindicatos denunciaron restricciones para marchar por determinadas zonas. Nuñez había anticipado una respuesta de “extrema firmeza” ante posibles disturbios.
Las organizaciones convocantes cuestionaron algunas de las restricciones impuestas a las movilizaciones y denunciaron limitaciones al ejercicio del derecho a manifestarse. En la jornada participaron sindicatos, trabajadores, estudiantes, integrantes del movimiento de los chalecos amarillos y representantes de organizaciones agrícolas. También se sumaron agricultores de la Confederación Campesina, que acompañaron los reclamos relacionados con el costo de vida.
En medio de la continuidad de las protestas, el primer ministro Sébastien Lecornu anunció que recibirá el próximo lunes a representantes sindicales y organizaciones empresariales. El encuentro se realizará en Matignon, sede del Gobierno francés, y estará destinado a abordar las preocupaciones vinculadas con los salarios y el poder adquisitivo. La convocatoria fue presentada como una conferencia social en la que se buscarán respuestas a las demandas de los trabajadores.
Además, el ministro encargado de las Relaciones con el Parlamento, Laurent Panifous, anticipó que el viernes 6 de noviembre podría anunciarse una medida relacionada con el salario mínimo. Por el momento, no se informaron detalles de esa posible decisión. Las organizaciones sindicales esperan obtener aumentos salariales y medidas para compensar las dificultades económicas que atraviesan los trabajadores.
Las movilizaciones se desarrollan en un escenario político marcado por la proximidad de las elecciones presidenciales francesas, previstas para el 18 de abril y el 2 de mayo de 2027. El presidente Emmanuel Macron no podrá presentarse nuevamente como candidato después de completar dos mandatos consecutivos.















