Buenos Aires, 2 noviembre (NA) — El músico Cristian “Pity” Álvarez declaró en el juicio por el crimen de Cristian Díaz, ocurrido en 2018. Durante su exposición, intentó reconstruir los episodios que atravesó en los días y horas previos al hecho y sostuvo: "Estaba acorralado por un tipo peligroso". Ante el Tribunal Criminal y Correccional N.º 29 de la Ciudad de Buenos Aires, relató situaciones de violencia e inseguridad en el barrio donde vivía, habló de su consumo de drogas y describió circunstancias que, según su versión, formaron parte del contexto anterior al homicidio.
Así lo indicaron fuentes vinculadas a la investigación a la Agencia Noticias Argentinas. Al comenzar su declaración, Álvarez explicó que necesitaba referirse a algunos episodios anteriores para situar su relato: “Para declarar el hecho me tengo que repetir, no mucho antes, pero un tiempito antes, cositas que tienen que ver con la declaración que voy a hacer”. Luego contó que había tenido un conflicto con una vecina a quien identificó como una mujer que vendía drogas.
Según dijo, ella le arrojó fuego debajo de la puerta de su casa después de que se negara a darle sustancias. “Mi vecina, Mari, como le decíamos, me dijeron que murió pero no lo sé. Era una señora que vendía drogas en el barrio Rivadavia y luego al lado mío. Viene la vecina y golpea la puerta.
Me pidió sustancias. Le dije que no tenía. Me tiró alcohol por abajo de la puerta y me tiró un fósforo.
Un poco entró dentro de mi casa, pero tenía un secador que no dejaba entrar los fluidos de afuera”, precisó. Y agregó: "Me sacaron de mi casa en silla de ruedas. Cuento esto para que entiendan el contexto”.
También relató que, después de ese episodio, un hombre al que identificó como otro vecino lo atacó con una cuchilla y le provocó heridas en una vena y una arteria. Dijo que al principio se negó a recibir asistencia médica, hasta que se desmayó por la pérdida de sangre y fue trasladado a una clínica. “Me estaba desangrando, me desmayé por esto”, recordó durante la audiencia. Al reconstruir otro episodio anterior, Álvarez contó que había viajado a la Villa 1-11-14 con un remisero conocido.
Según su relato, el conductor se había ofrecido a llevarlo porque no todos aceptaban hacer ese tipo de viajes. Dijo que llevaba una mochila con dinero y objetos de valor, y que le había preguntado al hombre si iba a esperarlo. Cuando regresó, el conductor ya no estaba y tampoco encontró sus pertenencias.
Después, según explicó, se cruzó con personas del entorno del remisero y les pidió que le transmitieran un mensaje: “Díganle al Gringo que de esto vamos a hablar”. Aclaró: “Nunca le dije que le iba a pegar un tiro, como se dice por ahí”. También sostuvo que su principal preocupación era recuperar las llaves de su casa, que estaban dentro de la mochila, y explicó que parte del dinero que llevaba había desaparecido.
En su exposición, describió las condiciones de seguridad del barrio de Villa Lugano donde vivía y señaló que conocía a varios jóvenes que se reunían cerca de su edificio. Contó que había instalado una luz con sensor de movimiento para advertir cuando alguien se acercaba a la entrada de su domicilio y que, con el tiempo, dejó de mirar quién estaba del otro lado porque no quería saberlo. Se refirió además a los robos que, según dijo, sufrían los vecinos de la zona y a los problemas que generaban los grupos de jóvenes que se reunían en determinados sectores.
Afirmó que solía pedirles que no llevaran personas de otros barrios ni provocaran situaciones que pudieran terminar perjudicándolo: “No muevan ahí, porque en el lugar no… después bajo yo, ponen un torrito y me van a llevar por culpa tuya”, recordó que les decía. Al hablar de las horas previas al crimen, Álvarez contó que había estado en la casa de una mujer y que planeaba volver a su domicilio porque una de sus perras había tenido cachorros. Dijo que, al llegar, encontró a uno de los animales muerto e intentó reanimarlo mediante respiración boca a boca. “Estuve mucho tiempo tratando de resucitar a ese cachorrito”, relató.
Después, agregó, dejó a los animales separados antes de volver a salir. En ese tramo de la declaración, habló de su consumo de pasta base, morfina y pastillas. Dijo que en ese momento fumaba pasta base y que el acostumbramiento a la sustancia hacía que no siempre sintiera sus efectos de la misma manera. “Si me faltaba, parecía que estaba drogado”, explicó al describir cómo había incorporado el consumo a su vida cotidiana.
Otro episodio que relató fue un asalto que, según sostuvo, sufrió cuando intentaba poner en marcha su automóvil. Contó que dos jóvenes de unos 16 o 17 años lo ayudaron a empujarlo y que, después de agradecerles con dinero, uno de ellos le reclamó más. Cuando lo miró, recibió un culatazo en la cabeza con un arma de fuego: “Se le escapa un tiro cuando me pega el culatazo”, afirmó, y agregó que el agresor se llevó su mochila.
Álvarez dijo que terminó con la cara cubierta de sangre y que fue a la casa de un amigo de la adolescencia, quien lo ayudó a limpiarse las heridas. Luego habló con su madre sobre lo ocurrido y recordó que ella le propuso hacer la denuncia policial, aunque al principio él no quería. Durante la audiencia, también se refirió a la inseguridad que atravesaba en el barrio y a la sensación de estar constantemente alerta.
En distintos momentos de su exposición pidió pausas, consultó si podía utilizar un vapeador y manifestó estar nervioso por declarar. Al reconstruir su posterior encuentro con Díaz, Álvarez afirmó que en un primer momento intentó evitar una pelea y retirarse del lugar junto a una mujer que lo acompañaba. También admitió que llevaba una pistola. “Tenía el arma en el bolsillo, creo que ni la saqué.
Apunté a su cuerpo”, dijo, y después describió cómo vivió ese instante: “Hubo un fogonazo blanco en mi cabeza. No sé lo que pasó por unos segundos. Después me vi parado al lado de él y todos corriendo”, aseguró.
Además, recordó haber escuchado a Agustina, la joven que estaba con él, gritarle: “¡Lo mataste, lo mataste!”. Por último, Álvarez relató la salida del lugar y aseguró que ambos estaban alterados por lo sucedido: “Yo viví por primera vez eso. No pensé, eso no era yo.
Me transformé, me transformé, no sé”.















