Buenos Aires, 9 octubre (NA) — La Argentina se mantiene como el país con los restaurantes y la indumentaria más caros de la región al medir los precios en dólares, pese a una leve baja registrada en julio. La inflación en moneda dura sostiene valores significativamente superiores a los de sus vecinos sudamericanos y afecta tanto al consumo interno como a la competitividad turística. Los datos surgen del Índice Mensual de Precios Relativos de Fundar, que analiza el costo de vida regional y el poder de compra en divisas.
De acuerdo con el informe, la indumentaria argentina cuesta en dólares el doble que prendas idénticas o similares en países como Chile, Brasil o Perú. En gastronomía se registra una tendencia parecida: una cena promedio en un restaurante porteño de gama media supera ampliamente los valores de las principales capitales de la región. El aumento de los precios en dólares responde a una combinación de factores macroeconómicos estructurales.
Entre ellos están la inercia inflacionaria local, los elevados costos impositivos que gravan la producción y la comercialización, y la dinámica del mercado cambiario. Aunque el tipo de cambio oficial y los financieros tuvieron movimientos recientes, no alcanzaron a compensar el ritmo de las subas de precios internos. En julio se registró una desaceleración puntual en el aumento de estos rubros, que generó un alivio transitorio en las mediciones en dólares.
Sin embargo, los analistas económicos advierten que la fluctuación mensual es marginal. La brecha de precios con el exterior acumulada en los últimos años es tan amplia que una baja aislada no modifica la condición de la Argentina como un país costoso en términos internacionales. Esta situación afecta de manera directa al comercio y al turismo.
El turismo receptivo, que históricamente encontraba en la Argentina un destino accesible y atractivo por el beneficio cambiario, empieza a reducir su gasto ante los elevados precios de la gastronomía y los bienes de consumo. A su vez, se renueva el incentivo para que los residentes locales busquen comprar indumentaria y tecnología en el exterior. La indumentaria es el sector que presenta las mayores distorsiones, debido al proteccionismo arancelario y a las trabas logísticas que limitan la competencia con productos importados.
Los empresarios textiles locales sostienen que más del 50% del precio final al consumidor corresponde a impuestos y costos de alquiler en centros comerciales, lo que reduce su margen de maniobra para bajar los precios.














