Buenos Aires, 10 octubre (NA) — El economista de Equilibra Lorenzo Sigaut Gravina advirtió que la economía argentina podría haber ingresado en una recesión técnica durante el tercer trimestre, tras la caída registrada entre abril y junio. También señaló el estancamiento de la actividad y el deterioro de la calidad del empleo. El analista indicó que la mayoría de los sectores no registra crecimiento, con excepción de actividades como energía, minería y agroindustria.
Industria, comercio y construcción aparecen entre las más afectadas. Para este año, Equilibra proyecta una expansión del PIB de 1,3%. De cara a 2027, Sigaut Gravina advirtió: “El mayor riesgo es volver a repetir un año de estanflación”, con muy poco crecimiento e inflación todavía elevada.
También mencionó una mayor incertidumbre cambiaria y financiera por el proceso electoral. El economista destacó el equilibrio de las cuentas públicas como uno de los principales aciertos del Gobierno. Sin embargo, cuestionó la combinación de apreciación cambiaria y apertura comercial, que, según advirtió, puede seguir afectando a distintos sectores transables.
A continuación, los principales tramos de la entrevista de la Agencia Noticias Argentinas con Lorenzo Sigaut Gravina: —¿Qué variable le preocupa más de la economía argentina hoy? —Creo que el principal llamado de atención está en las variables reales. Tenemos un nivel de actividad que, a lo largo del año, salvo en los sectores primarios —agroindustria, minería, energía y, en menor medida, pesca—, no está creciendo. De hecho, es probable que se corrobore una recesión técnica, es decir, que no solo haya caída del nivel de actividad en el segundo trimestre, se le sumaría también el tercero.
Atado al escaso dinamismo de la actividad, o incluso a esta recesión técnica, aparecen los problemas del mercado laboral, que no se ven tanto en la tasa de desempleo, pero sí en la calidad del empleo. Se vienen destruyendo muchos puestos de trabajo asalariados privados formales; estamos hablando de aproximadamente un cuarto de millón desde que asumió este Gobierno. Si bien hay creación neta de puestos de trabajo que evita que el desempleo se dispare (como sí sucedió en la Convertibilidad), el empleo creado es cuentapropista y mayormente informal.
Nosotros estamos previendo 1,3% de crecimiento del PIB para este año, basado exclusivamente en la expansión de actividades primarias que casi no derraman en los grandes centros urbanos ni generan puestos de trabajo formal. —¿La economía encontró un piso o todavía puede haber una mayor caída? —Veo una economía en general estancada, con algunos sectores que están impulsando. Creo que lo mejor del agro ya pasó: tanto la cosecha fina como la gruesa fueron excepcionales en volúmenes, pero ese impacto ya se está diluyendo. Después tenemos minería y energía, con especial énfasis en Vaca Muerta, que siguen creciendo.
El resto de las actividades las veo estancadas y, entre las más afectadas, están industria, comercio y construcción. Construcción es la que más cayó: la actividad se amesetó en un nivel bajo, pero no lo veo cayendo más. En industria y comercio, mientras no mejore el salario real, se sigan destruyendo puestos de trabajo de calidad y el crédito no repunte, puede haber incluso una leve tendencia declinante. —¿Qué debería pasar en 2027 para que sea un año de crecimiento? —Sobre todo debería haber un crecimiento más homogéneo y generalizado.
Minería y energía son, de alguna manera, una locomotora que no se va a detener en el corto plazo: hay muchos proyectos, mucha inversión que está empezando a llegar y precios internacionales récord. La pregunta es si eso puede derramar hacia los demás sectores. La industria está en una encrucijada compleja porque enfrenta, por un lado, una demanda interna anémica y, por otro, una estrategia antiinflacionaria que se basa mucho en el ancla cambiaria, en mover muy poco el tipo de cambio oficial, y eso genera apreciación.
Si a eso se suma la eliminación de restricciones a las importaciones y reducción de alícuotas, la industria nacional enfrenta mucha competencia externa. En particular, me preocupa que no haya protección frente a China, cuya producción/exportación está subsidiada por el estado. Es difícil pensar en un 2027 con mucho crecimiento y, sobre todo, con un crecimiento que derrame hacia todos los sectores.
Se necesita que se detenga la destrucción de puestos de trabajo formales, que la inversión repunte —viene cayendo hace cinco trimestres consecutivos—, que el crédito vuelva a crecer, que se termine de digerir el problema de la mora, que la inflación baje y que los salarios por lo menos le ganen a la inflación. —¿Cuál es el principal riesgo para 2027? —El mayor riesgo es volver a repetir un año de estanflación, con muy poco crecimiento y con una inflación que siga siendo elevada. Menor que en el gobierno pasado, pero aún elevada en términos internacionales. La incertidumbre y la dolarización de carteras propias de un proceso de elecciones Ejecutivas, es una fuerza de “estanflación” que el gobierno tendrá que revertir si desea llegar a las Presidenciales con una economía más pujante.
La incertidumbre afecta a todas las variables económicas, pero particularmente a la inversión, por lo que se puede configurar un 2027 con crecimiento muy bajo y una inflación todavía elevada. —¿Cuál considera que fue el principal acierto y el principal error del Gobierno? ¿Qué podría hacer para mejorar el panorama? —Uno de los grandes aciertos es haber equilibrado las cuentas públicas, porque eso garantiza mayor sostenibilidad de cualquier esquema económico. Después podemos discutir cómo se llegó a ese equilibrio, cómo se hizo ese ajuste, pero nunca es fácil hacerlo.
Creo que el Gobierno abusó del ancla cambiaria para bajar la inflación y esta ronda el 2% mensual. A un tipo de cambio muy apreciado, se le sumó una política comercial de apertura indiscriminada. La combinación de apreciación cambiaria y no contemplar restricciones frente a importaciones chinas -que este año desplazó a Brasil como principal proveedor de bienes del exterior- afectó en demasía el tejido productivo de sectores transables como la industria, las economías regionales y el turismo.
Una posibilidad sería implementar una política económica más expansiva frente a una demanda interna muy frenada. Ahí se puede trabajar sobre la política fiscal o sobre la política monetaria, ya que ambas tienen un sesgo contractivo. Y en el frente cambiario, habría que evaluar hasta qué punto tener un tipo de cambio un poco menos apreciado puede acelerar algo la inflación, pero dar algo de oxígeno a esas actividades transables que hoy están sufriendo.















