Buenos Aires, 18 octubre (NA) — Más de cinco millones de personas viven en barrios populares de todo el país, entre ellas 1.700.000 niños, adolescentes y jóvenes. Es una cifra similar a la cantidad de personas que se reunió en el Obelisco en 2022, cuando Argentina ganó el Mundial de Qatar. En esos barrios, muchas personas no tienen acceso a servicios básicos, como agua potable o electricidad segura.
Cuando llueve, algunos niños y adolescentes no pueden llegar a la escuela porque las calles quedan cubiertas de agua. A la falta de trabajo y de un proyecto de vida se suman el avance del narcotráfico, las situaciones de consumo y los problemas de salud mental, incluidos los intentos de suicidio y los suicidios. Pese a esas condiciones, también hay solidaridad, esperanza y sentido de comunidad.
Para que las familias puedan vivir mejor, se necesita que el Estado y la sociedad conozcan esas realidades, más allá de las ayudas puntuales que llegan ante una catástrofe, como una inundación. Noticias Argentinas visitó la sede de Cáritas en la calle Balcarce, en la ciudad de Buenos Aires, y conversó con Sofía Zadara, directora ejecutiva de Cáritas Argentina. La entrevistada destacó que en los barrios populares "la vida abraza lo comunitario", porque, como suele decirse, "donde comen dos comen tres". —¿Qué es un barrio popular? —Un barrio popular es un asentamiento, una comunidad que vive con poco acceso a los servicios: el 90%, no tiene agua potable.
Viven muchas familias en un mismo espacio, lo que genera que haya hacinamiento. Se trata de muchas familias en poco terreno y en condiciones habitacionales muy dolorosas porque en una misma habitación conviven muchos adultos con niños y adolescentes. Al mismo tiempo, un barrio popular es donde la vida abraza lo comunitario: lugares como los comedores, vecinos que abren la olla, apoyo escolar.
Día a día buscan la vuelta para que sus hijos e hijas puedan terminar la escuela, puedan comer. No obstante, en la actualidad está costando que la mayoría de las familias tengan las cuatro comidas básicas y no estoy hablando de lo nutricional, estoy hablando de la alimentación básica. También en los barrios populares encuentro muchos oficios.
Una vez dijimos que en los barrios populares están los oficios que se necesitan en el centro: albañiles, servicios de cuidado en casas particulares, niñeras. Oficios que se necesitan en otros barrios o en otras clases que están mejor. Eso hay que considerarlo porque son personas que tienen un oficio y que están pidiendo a gritos trabajar.
También hay emprendedores/as que le están buscando la vuelta día a día. Y en este contexto está la Iglesia que busca cómo cuidar las fragilidades, cómo armar dispositivos para sostener a los que están bajo consumo, cómo cuidar la vida en situaciones de violencia o de mucho dolor. También algo que identifica a los barrios populares es la esperanza.
Te puedo asegurar que tenemos mucho para aprender. “Donde comen dos comen tres”, “Dios nos va a acompañar”, son algunas de las frases que uno escucha cuando va al barrio popular, a la villa o al asentamiento y se pregunta de dónde sacan fuerzas esas personas que tienen una esperanza tan grande que conmueve. Esas personas merecen vivir mejor y quieren vivir mejor. La gente no quiere vivir así, las familias no quieren vivir bajo la pobreza, claramente buscan alternativas, pero necesitan del Estado y de instituciones como la Iglesia. —¿Cuántas personas viven en los barrios populares? —Viven más de cinco millones de personas y de ese número, 1.700.000 son niños/as y adolescentes, según el relevamiento que se hizo en 6.400 barrios populares que están dentro del Renabap (Registro Nacional de Barrios Populares), que es un registro oficial con una ley que lo ampara. —Ustedes, junto con otras organizaciones y con el apoyo de dirigentes políticos de diversos partidos, presentaron el proyecto de Emergencia en Barrios Populares, que busca garantizar fondos para obras de urbanización e integración socio-urbana. —Sí y lo que tenemos que visualizar es que no sería un gasto sino una inversión porque un niño/a o un adolescente que come menos, que no puede ir a la escuela, que cae como soldadito, después le sale caro a la Argentina el sostener, el restituir o inclusive el salvar esa vida.
También pensar no en gastos públicos sino en qué invierte el Estado para poder tener una población a futuro, que pueda estar cuidada porque después vemos el impacto, por ejemplo, en las trayectorias escolares. Las pruebas PISA no dieron bien a nivel Argentina, pero si esos alumnos están en la periferia en una situación de carencia y vulnerabilidad, la escuela hace lo que puede. Si ese alumno viene arrastrando una historia familiar dolorosa, de privación de derechos básicos, es muy difícil que pueda estar concentrado ocho, seis o inclusive cuatro horas de una jornada escolar.
Por eso, lo que planteamos es cómo cambiar la mirada a nivel social, que no se vea como un gasto sino que se entienda que cuántas más familias estén mejor al tener un trabajo, habrá menos angustia, menos deuda, menos ataques violentos. Cuánto más prevenimos si invertimos ahí: esa es la propuesta que nosotros tenemos y de hecho nuestra mirada, junto con las otras organizaciones, apunta a cómo pueden los propios barrios construir sus espacios para dar una fuente de trabajo y a la vez mejorar el trabajo que ya existe. —Si se va hacia atrás en el tiempo, ¿cómo ha sido la mirada hacia los barrios populares a lo largo de la historia? —Algo lindo que fuimos notando con el correr de los años es que al principio en la historia argentina se hablaba de erradicación de las villas, es decir, saco de un lado y lo pongo en otro como si fuese una planta, imáginate eso en cinco millones de personas, no se podía hacer. Entonces, se avanzó al término urbanización: dar algunos servicios, construir una calle, es decir, mejorar o embellecer esos barrios.
Luego logramos pasar a la integración que busca que las personas de los barrios populares puedan tener los servicios básicos: agua, luz, acceso para una ambulancia y en el mejor de los casos que alguien retire la basura, debido a que, no se puede entrar por los pasillos, no hay calles. Lo básico cuando uno habla de integración es empezar a ver a los barrios populares como un aporte a la sociedad y no solamente como un descarte que hay que acomodar. En los barrios populares hay fuentes de trabajo, hay esperanza, hay un club con distintas actividades que no tienen que ir a buscarse a otro lado, que se pueden llevar a cabo en el barrio como también se llevan a cabo en otras clases sociales. —Al caminar por los barrios y hablar con la gente, la realidad es que faltan las cosas más básicas: no hay agua potable, cloacas ni electricidad segura, y los chicos no pueden ir a la escuela si llueve. —Sí y hoy hay dos cosas que son las que más duelen: la falta de trabajo que hace que se desordene todo e inclusive que en algunos barrios haya otro tipo de oferta como el narcotráfico y no hablo solo de soldaditos sino hasta de trabajos oficiales bien pagos como construir una casa.
La otra cuestión es el consumo y el problema de la salud mental, ambas han crecido muchísimo. A nivel nacional no somos la única organización que levantamos esta demanda sino que hay muchas otras que también lo hacen. A su vez, aumentó la cifra de suicidios que tiene que ver con situaciones de presión social, de no tener una oferta de trabajo, un proyecto de vida.
Eso realmente nos inquieta y por eso, de nuevo volvemos a decir lo importante de lo comunitario que sostiene la vida y abraza cuando en la casa no se está pudiendo sostener lo básico. Al mismo tiempo, reconocer que los propios vecinos sostienen lo comunitario: esa mamá que tiene una historia de vida en la que un hijo está en el consumo, otro se murió, otro está preso o está preocupada porque tiene que trabajar en cinco casas como personal de limpieza para poder llevar un peso a su casa y sin embargo, se hace un rato para ir a cocinar para otros y está pendiente de sus vecinos/as. Quiero resaltar el lugar de las mujeres que piensan no solo en sus familias sino también en las demás familias del barrio.
De hecho, así se construye lo comunitario, no se trata solamente de gente que vamos y visitamos sino la propia comunidad que da su tiempo y que sabe lo que pasa en el lugar en el que vive. —El obispo de San Justo, Eduardo García, dijo en la Universidad Nacional de La Matanza que “la ausencia del Estado permite que el narcotráfico ocupe su lugar al ofrecer una falsa salida que destruye vidas”. ¿Ustedes ven esto en los barrios, al narco entrando en donde el Estado no está? —Sí y es una situación que preocupa porque va creciendo y a veces también vemos que los municipios no dan a basto por distintos motivos: a veces porque no lo hicieron antes o porque no tienen presupuesto. Entonces tampoco estamos llegando desde lo local a dar una respuesta y por eso, pensamos que lo nacional es clave porque puede ayudar en estrategias más grandes.
Los barrios populares tienen una historia en Argentina, tanto desde lo legislativo (el 10 de octubre de 2018 se sancionó la ley 27.453 que declara de interés público el régimen de integración socio-urbana de los barrios populares identificados en el RENABAP) y también con la unión entre varias organizaciones y el Estado para llevar a cabo distintas iniciativas. Por lo tanto, hay una buena base, no se trata de algo nuevo. Cuando asume la gestión de gobierno última, el secretario de Integración Socio-Urbana que en su momento era (Sebastián) Pareja, reconoce que no hubo irregularidades grandes en el Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), el fideicomiso destinado a la urbanización de barrios populares.
Entonces no entendemos por qué se frenaron esas obras que hacen tanto bien al barrio y que habilitan espacios físicos de mayor posibilidad de actividades. —Por eso, pedimos que por favor atiendan esto y proponemos que se destine de forma progresiva el 0,0375 del PBI, es una cifra que ni siquiera llega al 1% y así poder empezar a aplicar estas obras que son tan necesarias. Esos niños y niñas no pueden esperar, me acuerdo que el presidente de Caritas, Monseñor Gustavo Carrara dijo: “Los niños no pueden pagar lo que los adultos no podemos resolver”. Estamos a contrarreloj en esta situación y me parece que es lindo decir que junto a otras fuerzas políticas totalmente distintas estemos de acuerdo y mismo la Iglesia con organizaciones que no tienen nada que ver con lo religioso porque lo que nos importa es que estas familias se pongan de pie.
Ya hay una herramienta, no hay que crear nada, simplemente es tomar la decisión de acompañar esta línea de trabajo. —Otro tema que mencionaste es el suicidio. ¿Ustedes lo ven más en jóvenes? —Sí. El punto que más angustia tiene que ver con los jóvenes y el grueso que más preocupa es el rango que va de los 14 a los 24 años.
Lo que nosotros vemos es que hay desesperación, falta de un proyecto de vida: a dónde voy, qué hago, con qué me sostengo, cuando no hay espacios más allá de la familia. La escuela, por ejemplo, no da a basto y hay jóvenes que están por fuera de la escuela y además por la edad tampoco tendría que estar en el sistema escolar. Ahí se forma un combo nocivo o doloroso, que es lo que lleva a que haya un alto número de suicidios.
Otro punto es cuántos jóvenes tuvieron intentos de suicidio y eso no está inscripto. Por lo tanto, lo que estamos haciendo desde Cáritas Argentina es replantearnos todos nuestros espacios: capillas, parroquias, centros comunitarios para transformarlos en centros de escucha con el objetivo de poder estar alerta a una primera detección y así intentar evitar que suceda. También buscamos vincularnos con otras organizaciones porque hay algo general que va más allá de los que dice Caritas, que tiene que ver con lo que nos está pasando a nivel social: las presiones, las deudas, las redes sociales, el ritmo acelerado en el que vivimos y en lugares más alejados, la poca oferta de lo bueno. —Desde Cáritas, ¿cómo abordan esta situación? —El año pasado hicimos una escucha llamada “Caminata Institucional”.
Históricamente Cáritas hace escuchas que van desde la periferia hasta nivel nacional, en donde les hacemos tres preguntas a las personas: cuáles son tus esperanzas, cuáles son tus dolores de la comunidad y cuáles son las acciones que ya transforman tu comunidad. Tuvimos la respuesta de 1.320 comunidades y en primer lugar salió que sostuviéramos los espacios de salvación comunitaria: apoyos escolares, arte, deporte, grupos de mujeres, de alimentación, el club, la capilla. En segundo lugar mencionaron el trabajo, por un lado, lo que nosotros hacemos que se llama economía social para llegar a mayor escala y por el otro, la falta de trabajo.
Tercero aparecieron las adicciones y la salud mental, ahí vemos que la gran preocupación del pueblo sencillo está ahí. Luego en el cuarto puesto, las emergencias, las cuales a nivel país siempre pegan al más frágil, es decir, si hay una inundación nos inundamos todos, pero aquel que está más cerca del río o en una casa o rancho vulnerable, sufre un impacto peor. Esos son los cuatro puntos más grandes que vimos y por eso, también encauzamos hacia ahí todos nuestros objetivos de trabajo. —Hiciste referencia a las deudas.
Diversos estudios muestran que la mayoría de la gente se endeuda para poder comer. —Sí eso está pasando, nos lo cuentan y lo vemos. Lo más triste es que la deuda es para poder comer, para comprar remedios, para intentar llevar el día a día. Después la gente se endeuda para poder pagar esa deuda que contrajo y se forma así un círculo muy vicioso y complejo.
Además hoy con las billeteras virtuales parece hasta más fácil porque da la sensación de que te resuelve: la gente dice saco un préstamo, pero después es muy difícil salir. Por eso, ponemos el foco en la fuente de trabajo para poder darles a las familias un ordenador y que puedan tener cierta tranquilidad. —En lo que respecta a nivel político, ¿por qué crees que desde el Estado cuesta mirar las realidades de los barrios populares? —Quizás .. yo creo que no se puede amar lo que no se conoce, eso como base, pero también son conceptos de a dónde tiene que estar el Estado y dónde no. —¿Ustedes tuvieron reuniones con autoridades del Gobierno, pudieron tener llegada? ¿Cómo es el vínculo? —Sí, diálogo tenemos, de hecho Cáritas es recibido.
Lo que pasa es que hay líneas muy generales de a dónde va el Presupuesto y a dónde no, qué se recorta desde un primer momento cuando el presidente dijo que se cortaban las obras. Eso complejizó todo.















