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A quince años de su desaparición, no hay respuestas sobre Lisa Irwin

A quince años de su desaparición, no hay respuestas sobre Lisa Irwin

Lisa Irwin tenía diez meses cuando desapareció de la cuna de su casa en Kansas City, Misuri, Estados Unidos, durante la madrugada del 4 de octubre de 2011. Sus padres, Deborah Bradley y Jeremy Irwin, siempre sostuvieron que alguien entró en la vivienda y se llevó a la beba. Quince años después, nadie fue acusado formalmente y Lisa, que hoy tendría 15 años, sigue sin aparecer.

Nunca se pudo determinar si fue secuestrada o si murió aquella noche. Lisa había nacido el 11 de noviembre de 2010 y sus padres la describían como una nena feliz, muy apegada a sus dos hermanos, de cinco y ocho años. Faltaban pocas semanas para que cumpliera un año.

La familia vivía en un barrio de trabajadores en las afueras de Kansas City, donde los vecinos solían trasladarse en camionetas y reunirse los domingos para compartir comidas. La desaparición de la beba alteró esa rutina y, después del caso, las reuniones dejaron de hacerse. La noche de la desaparición, Jeremy trabajaba como electricista en el turno nocturno.

Deborah se había quedado en la casa con Lisa y los dos hijos mayores, y tomaba vino en el patio con una amiga. Jeremy volvió pasadas las tres de la madrugada del 4 de octubre y encontró las luces encendidas, la puerta principal sin llave y el mosquitero de una ventana aparentemente forzado hacia adentro. Cuando fue a ver a Lisa, encontró la cuna vacía.

Desde entonces no se pudo establecer qué había ocurrido con la niña. “Nos levantamos y empezamos a gritar por ella, buscamos por todos lados, no estaba”, contó Deborah Bradley a la prensa. Jeremy también notó que faltaban tres teléfonos celulares que la familia había dejado cargando en la cocina. Los primeros informes policiales describieron a Lisa como una beba de unos 76 centímetros de altura y de entre 11,8 y 13,6 kilogramos.

Tenía ojos celestes, cabello rubio y dos dientes inferiores. Al momento de desaparecer llevaba un short y una remera violeta con gatitos blancos. Al amanecer, más de cien policías rastrillaban el bosque detrás de la casa, pero la búsqueda no dio resultados.

La noche siguiente, integrantes de la comunidad organizaron una vigilia para acompañar a la familia y reclamar que Lisa apareciera. El relato de Deborah sobre las horas previas fue uno de los aspectos que llamó la atención de los investigadores. Primero dijo que había acostado a Lisa a las 22.40.

Más adelante cambió su versión: reconoció que había tomado suficiente alcohol como para perder la noción del tiempo y señaló que quizá la última vez que recordaba haber visto con certeza a su hija había sido alrededor de las 18.30. Los padres también afirmaron que una ventana de la habitación de Lisa había sido forzada desde el exterior. Esa declaración reforzó inicialmente la hipótesis de un secuestro y contribuyó a que se emitiera una alerta nacional.

Sin embargo, después se estableció que la ventana estaba intacta. La discrepancia quedó entre las principales contradicciones analizadas durante la investigación. Deborah se sometió a una prueba de polígrafo y la policía le comunicó que no la había superado, aunque, según ella, nunca le mostraron los resultados. “Dijeron que fallé.

Y yo seguí diciendo que eso no es posible porque no sé dónde está y no hice esto”, afirmó en 2011 en declaraciones a Associated Press. Jeremy, por su parte, fue descartado rápidamente como sospechoso: una cámara de seguridad lo mostraba en su lugar de trabajo durante la noche de la desaparición. “Prácticamente todos los demás tienen una coartada. Yo estaba en el trabajo.

Ya me descartaron”, dijo. Shirley Pfaff, amiga de Deborah, habló con los medios y describió a la mujer como alguien con un “lado oscuro”. “Esta chica Debbie, no la subestimaría con nada”, declaró. Sus dichos se sumaron a la atención pública sobre la madre, pero no constituyeron pruebas de lo ocurrido.

El 19 de octubre, los detectives regresaron a la vivienda con perros entrenados para detectar el olor de cuerpos en descomposición. Los animales marcaron una zona del piso del dormitorio de Deborah, cerca de la cama. En el mismo allanamiento, los agentes encontraron indicios de consumo de alcohol y de pastillas para dormir.

Joe Tacopina, abogado contratado por la pareja, cuestionó la interpretación de la señal de los perros. “No hay ningún escenario donde esta beba, Dios no quiera que esté muerta, se hubiera descompuesto en tan poco tiempo”, planteó. Durante el operativo, los oficiales retiraron de la casa una almohada, un short rojo, una remera de Mickey Mouse, un juguete fosforescente, una manta de la película Cars y rollos de cinta adhesiva. Los agentes también excavaron en el jardín trasero, donde la tierra parecía removida, pero no encontraron nada relacionado con la desaparición.

Deborah reconoció que al principio no había buscado a su hija en el patio porque, según declaró ante los investigadores, “temía lo que podría encontrar”. En los días posteriores, tres personas dijeron haber visto durante aquella madrugada a un hombre que caminaba con un bebé vestido solo con pañales. Una cámara de seguridad registró a un hombre vestido de blanco cuando salía de una zona boscosa cercana, alrededor de las 2.30.

Una mujer que vivía a pocas cuadras de la casa de los Irwin contó a un canal de televisión que le había resultado extraño ver a alguien afuera con un bebé sin ropa en una noche tan fría. Otro vecino, identificado como Mike Thompson, aseguró haber visto a una persona que podría ser el mismo hombre a unos cinco kilómetros de distancia. También se recibió un aviso sobre una pareja de mediana edad que viajaba con un bebé parecido a Lisa en una camioneta SUV.

La habían visto en una estación de servicio ubicada sobre la autopista interestatal 29. Otro llamado llevó a los detectives hasta una mochila con pañales y toallitas húmedas, encontrada cerca de una casa abandonada. Sin embargo, el capitán Steve Young aclaró que esos elementos llevaban tiempo en el lugar.

El agente del FBI Brad Garrett puso en duda la hipótesis del hombre que caminaba con el bebé: a su juicio, no resultaba convincente que alguien secuestrara a una niña y luego siguiera desplazándose a pie por el barrio en lugar de escapar. Uno de los tres celulares desaparecidos hizo una llamada de 50 segundos cerca de la medianoche a una mujer llamada Megan Wright, quien negó haberla atendido. Wright había sido pareja de un hombre conocido en la zona como “Jersey”, identificado como John Tanko. “Todo este caso depende de quién hizo esa llamada y por qué.

Creemos firmemente que quien tenía ese teléfono también tenía a Lisa”, sostuvo el investigador privado Bill Stanton en un programa de televisión. Tanko tenía antecedentes relacionados con drogas y fue interrogado por los detectives, pero quedó descartado como sospechoso por falta de pruebas. La búsqueda también movilizó recursos de la comunidad: un donante anónimo ofreció una recompensa de 100.000 dólares por información sobre el paradero de Lisa y la empresa Lamar Advertising donó carteles con la fotografía de la beba.

La policía de Kansas City descartó 700 pistas y mantuvo bajo seguimiento otras 60, pero ninguna condujo a un resultado concreto. Durante ese período, Deborah apareció en distintos programas de televisión y ofreció versiones que variaban de una entrevista a otra. Al comienzo, los padres colaboraron con la investigación y pidieron públicamente que les devolvieran a su hija; más adelante dejaron de responder las preguntas de los investigadores. “Viven en la casa.

Tienen información íntima sobre lo que pasa ahí”, dijo el capitán Young. Los hermanos de Lisa, que entonces tenían cinco y ocho años, iban a ser entrevistados por un especialista en interrogatorios a niños. Sin embargo, Deborah y Jeremy cancelaron la cita la noche anterior.

Poco después, Cyndy Short, abogada de la familia, renunció a representarlos. Cinco años después de la desaparición, Short recordó que la policía había descartado a Jeremy casi de inmediato por su coartada laboral. “En cualquier investigación así, hay que mirar primero a las personas más cercanas al chico desaparecido”, explicó. Cuatro años después de la desaparición, Deborah y Jeremy hablaron con Fox News y reconstruyeron aquella noche. “Dormí a Lisa en mis brazos y después estuve con un amigo bebiendo, mientras Jeremy trabajaba en el turno de noche”, relató Deborah.

En la entrevista, dijo que todavía miraba cada cochecito que pasaba por la calle y se preguntaba si el bebé que iba dentro podía ser su hija. Los padres también contaron que conservaban la habitación de Lisa tal como estaba el día de su desaparición y que seguían dejándole regalos en cada cumpleaños y Navidad. “Se siente bien entrar allí, olerla, y saber que algún día volverá a casa y verá todos estos regalos”, dijo Deborah, con la voz entrecortada, durante la misma nota. “Es difícil decir que alguien no es sospechoso cuando no tenés a nadie. Pero en verdad, no hay nadie que lo sea o no lo sea”, admitió Young en un reportaje realizado un año después de aquella entrevista televisiva.

Consultada por la misma publicación, Deborah dijo entender las sospechas que habían recaído sobre ella. “Llega un momento en que tu mirada tiene que dejar de ser tan miope. Y cuando no avanzás, tenés que mirar para otro lado”, sostuvo. Jeremy afirmó que con el paso de los años dejó de preocuparse por lo que otras personas pensaran de él y de su esposa. “Algunos se hacen una idea de entrada y ya está, no cambian más.

Tenés que dejarlo pasar”, expresó. La familia mantiene la búsqueda. El expediente continúa clasificado como una desaparición y permanece formalmente abierto quince años después de aquella madrugada en Kansas City, sin que hasta ahora se haya establecido qué ocurrió con Lisa.

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