Buenos Aires, 25 octubre (NA) — La autonomía habitacional, que solía ser un paso de la transición a la adultez, se convirtió en una meta difícil de alcanzar para miles de argentinos. Las condiciones macroeconómicas profundizaron las barreras financieras para quienes buscan dejar la casa familiar. La consultora económica Analytica relevó que el 23,3% de los jóvenes de entre 18 y 29 años vive en un hogar propio y de forma autónoma, y que 140.000 tuvieron que dar marcha atrás en sus proyectos de independencia.
A partir de esos datos, Noticias Argentinas recopiló testimonios sobre la situación. Vanesa Gutiérrez tiene 27 años, estudia medicina y no logra sostener su independencia en medio de la crisis económica. "Hasta hace unos tres años podía pagar el alquiler sin problemas y no afectaba a mi economía mensual. Estuve pagando hasta el último mes $610.000 y $250.000 de expensas en Caballito.
Para poder sostenerlo me ajusté en todo. Comida, salidas y a lo último en la calidad de la comida, al punto que opté por consumir proteína vegetal antes que comer carne. Veo que hoy es imposible independizarse.
Estoy en busca de trabajo y recibo ayuda de mi familia también, soy extranjera y es difícil la situación aún para mí", señaló a esta agencia. Ludmila, de 23 años, trabaja como secretaria en un consultorio odontológico en Palermo y volvió a la casa de su madre, en Almagro, porque no podía afrontar el alquiler de un monoambiente. "Cumplí el contrato y pegué la vuelta. No podía ni salir a tomar una cerveza con mis amigas porque con lo que gano no llegaba a mitad de mes.
Mis viejos están separados así que volví al departamento de mi mamá para sobrevivir y de paso, hacerle compañía", dijo. Fernando, vecino del barrio San José, en la localidad bonaerense de Morón, contó que vive con su madre y que todavía no consigue independizarse. "Vivo con mi madre y, a pesar de que quiero, aún no logro independizarme. Tengo dos trabajos, soy administrativo en una escuela y docente de inglés.
Ambos sueldos no me alcanzan para pagarme un alquiler, apenas puedo ayudar para los servicios". También comparó su situación con la de sus primos mayores cuando él era adolescente: "Antes se ahorraba para acceder a un terreno, hoy se pide un préstamo para pagar el celular”. Uno de los principales obstáculos es el desfasaje entre los precios y la estructura de consumo de los jóvenes.
La canasta calculada para una persona joven que vive sola aumentó un 387,9% desde noviembre de 2023, por encima de la inflación general. El rubro “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” subió un 637,9% en el mismo período. En promedio, los gastos de vivienda y servicios públicos representan el 13,5% de los ingresos de la sociedad, mientras que para un joven independiente equivalen al 26,6% de su presupuesto.
Al encarecimiento habitacional se suma la falta de oportunidades laborales formales: la desocupación entre los menores de 30 años alcanza el 15%. Sebastián, dueño de una inmobiliaria en Avellaneda, señaló que sus clientes "por lo general son parejas" y que "rara vez son personas solas o con amigos porque es más difícil alquilar". Consultado por la caída de los alquileres entre personas de 18 a 30 años, afirmó que, según su experiencia, "disminuyó, pero no mucho, al menos en estos dos años". "Lo primero que sacrifican es la modernidad de la unidad.
Luego los ambientes o metros. Después ya más particular la ubicación o patios-balcón-aire/luz", completó. Entre los jóvenes que consiguen insertarse en el mercado laboral, las condiciones no son óptimas y predomina la informalidad.
Actualmente, solo el 38,3% de los ocupados menores de 29 años tiene un empleo registrado, una caída de 5,3 puntos porcentuales respecto de los registros de un año atrás. La precarización laboral afecta el acceso a las garantías necesarias para firmar contratos de alquiler tradicionales y empuja a los jóvenes hacia acuerdos informales de alta vulnerabilidad económica. La pérdida de poder adquisitivo también reduce los ingresos de quienes tienen puestos calificados.
Desde 2023, el salario real de los trabajadores jóvenes con empleo registrado cayó un 9,1%, medido según su propia canasta de bienes y servicios. Para los trabajadores independientes o cuentapropistas de la misma franja etaria, la brecha de ingresos es mayor: de acuerdo con el estudio privado, perciben en promedio un 51,4% menos que un asalariado formal de su edad. Según estadísticas del Banco Central de la Argentina recopiladas por Analytica, el 39,1% de los deudores financieros de entre 18 y 30 años registra algún atraso o morosidad en sus pagos.
La proporción supera la tasa general del sistema financiero, que se ubica en el 28,3%. Las dificultades también alcanzan a grupos de mayor edad. Estadísticas del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda Argentina (OFAVA), elaboradas a partir de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, indican que el 37% de los adultos jóvenes de entre 25 y 35 años todavía vive en la casa de sus padres.
La cifra representa a 2,5 millones de personas adultas que no pudieron concretar su emancipación por motivos económicos.















