Buenos Aires, 18 octubre (NA) — Francia comenzó este domingo a evaluar los daños de una de las jornadas de violencia urbana más graves de los últimos años. Al menos 2.400 personas fueron detenidas, casi un millar de policías y gendarmes resultaron heridos, cientos de comercios fueron saqueados y numerosos edificios públicos sufrieron daños. El presidente Emmanuel Macron prometió sanciones para los responsables de los disturbios.
Las principales ciudades francesas amanecieron con calles cubiertas de vidrios rotos y vehículos incendiados, tras las multitudinarias manifestaciones del sábado contra el aumento del costo de vida y el deterioro de los servicios públicos. Las protestas reunieron entre 550.000 y 800.000 personas, según las distintas estimaciones, y transcurrieron mayoritariamente de manera pacífica. Sin embargo, derivaron en violentos enfrentamientos entre grupos de manifestantes y las fuerzas de seguridad.
París fue uno de los principales escenarios de los disturbios. En los alrededores de la plaza de la República, una de las zonas emblemáticas de la capital, quedaron adoquines arrancados, vidrieras destrozadas, comercios saqueados y vehículos quemados. La Policía informó que hubo 855 detenciones en la región parisina, mientras que la Fiscalía precisó que 557 personas permanecían bajo custodia policial.
Los destrozos también afectaron zonas comerciales y turísticas, donde trabajadores municipales iniciaron las tareas de limpieza y los comerciantes evaluaban las pérdidas económicas. El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, advirtió que la magnitud de los daños era considerable y reclamó medidas para garantizar la seguridad de los establecimientos comerciales y los espacios públicos. Uno de los episodios más graves ocurrió en Limoges, en el centro de Francia.
Allí, grupos violentos irrumpieron en el Ayuntamiento y provocaron un incendio que destruyó gran parte del edificio histórico del siglo XIX y causó el derrumbe de su techo. En Lyon, las llamas alcanzaron una oficina de turismo, mientras que en Marsella grupos de manifestantes ingresaron al vestíbulo de la sede municipal y otros atacaron una dependencia policial. También se registraron ataques y daños en edificios públicos de Lille, Angers y Burdeos.
Los alcaldes de París, Marsella y Lyon solicitaron una reunión urgente con el primer ministro, Sébastien Lecornu, para analizar las consecuencias de los disturbios y coordinar la reconstrucción de los sectores afectados. Las autoridades aún no difundieron una estimación económica definitiva, aunque anticiparon que las pérdidas serán millonarias. Ante la magnitud de los incidentes, Macron encabezó una reunión de emergencia con funcionarios de su Gobierno y luego dirigió un mensaje televisado a la población.
El mandatario expresó su indignación por los saqueos y los ataques contra edificios públicos, y aseguró que los responsables deberán responder ante la Justicia. También diferenció a quienes participaron de las movilizaciones para expresar reclamos sociales de los grupos que protagonizaron hechos violentos. Macron responsabilizó por buena parte de los incidentes a sectores de la ultraizquierda radical y a delincuentes que, según sostuvo, aprovecharon las manifestaciones para generar caos.
El presidente ordenó reforzar la protección de edificios públicos, comercios y espacios estratégicos. Además, habilitó a las autoridades locales a restringir determinadas concentraciones cuando existan riesgos para la seguridad. Sin embargo, evitó anunciar medidas excepcionales, como la declaración del estado de emergencia o la imposición de un toque de queda.
Pese al amplio operativo de seguridad, este domingo volvieron a registrarse incidentes en París, donde cientos de personas se concentraron nuevamente en la plaza de la República. La Policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a grupos que intentaban incendiar bicicletas y contenedores de basura. Los disturbios también dejaron una víctima fatal: una persona murió tras sufrir un paro cardíaco durante las manifestaciones del sábado en París.
Las autoridades investigan las circunstancias del episodio. Además, se abrieron investigaciones por las graves heridas sufridas por manifestantes durante los enfrentamientos. Entre ellas, las de dos jóvenes que perdieron una mano y un ojo, respectivamente.
La crisis abrió un nuevo enfrentamiento político a pocos meses de las elecciones presidenciales de 2027. La dirigente de derecha Marine Le Pen cuestionó la capacidad del Gobierno para controlar la situación, mientras que el referente de izquierda Jean-Luc Mélenchon responsabilizó al Ejecutivo por el deterioro del clima social. Mélenchon, sin embargo, rechazó los saqueos y la destrucción.
Las manifestaciones habían sido convocadas por organizaciones sindicales, estudiantes y movimientos sociales, que reclaman respuestas ante el encarecimiento de la vida, los recortes presupuestarios y las dificultades del sistema educativo. El Gobierno enfrenta ahora el desafío de restablecer la normalidad, contener nuevas protestas y determinar el costo de los daños materiales que dejaron los enfrentamientos en buena parte del territorio francés.















