Buenos Aires, 16 octubre (NA)- En su sexta votación secreta, el Consejo de Seguridad fracasó hoy en el intento de elegir al próximo secretario general de las Naciones Unidas. El resultado volvió a evidenciar la parálisis geopolítica entre Estados Unidos y China. Rebeca Grynspan, Carolyn Rodrigues-Birkett y Rafael Grossi fueron los candidatos más votados, pero los tres recibieron vetos de miembros permanentes del Consejo que bloquearon sus posibilidades en esta ronda.
Grynspan obtuvo 9 votos a favor, 5 en contra y 2 vetos; Rodrigues-Birkett consiguió 8 a favor, 6 en contra y 2 vetos, y Grossi alcanzó 8 a favor, 6 en contra y 2 vetos. Por primera vez en el proceso, el mecanismo de votación permitió conocer con certeza el origen de los apoyos y los rechazos. Los miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— votaron con una boleta roja, mientras que los diez miembros no permanentes utilizaron una blanca.
En las cinco rondas anteriores, las papeletas no diferenciaban los votos de los miembros permanentes de los de los no permanentes, por lo que los vetos quedaban mezclados con los rechazos. El desglose permitió saber que Grynspan y Rodrigues-Birkett recibieron tres respaldos cada una de miembros permanentes, mientras que Grossi obtuvo dos apoyos de ese bloque. Sin embargo, el sistema del Consejo establece que el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes bloquea de inmediato a un aspirante en esa ronda.
La normativa permite que quienes reciben un veto vuelvan a presentarse en futuras votaciones. Las votaciones fallidas reflejan la falta de un acuerdo geopolítico global entre Donald Trump y Xi Jinping. La Casa Blanca respalda la candidatura de Grossi, mientras que China y Rusia impulsan la designación de una mujer para suceder a António Guterres, en línea con reclamos históricos del Sur Global.
Durante su última cumbre en la India, los países del bloque BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— señalaron formalmente que ninguna mujer ocupó el máximo cargo de la organización. También indicaron que la representación regional de América Latina, el Caribe y África fue extremadamente marginal. En este escenario, los equilibrios regionales e históricos tienen un papel determinante.
China y Rusia apoyan a Grynspan, cuyo programa multilateral es observado con atención en Pekín y Moscú; Estados Unidos, por su parte, mantiene una estrategia coordinada con Francia y Reino Unido. La disputa soberana por las Islas Malvinas representa un obstáculo para la candidatura de Grossi, impulsada por la Argentina. El Reino Unido se apropió del archipiélago en 1833 y se niega a reconocer los derechos soberanos argentinos, por lo que Londres se resiste a aceptar al diplomático argentino al frente de la ONU.
Si la administración británica decide imponer su veto definitivo, la candidatura de Grossi quedará formalmente sepultada, más allá de la presión política de Washington. En paralelo, Rodrigues-Birkett cuenta con el patrocinio estratégico de China y Rusia por afinidades ideológicas compartidas. Sin embargo, un antecedente de su etapa como canciller de Guyana, cuando expresó elogios públicos hacia Fidel Castro, le asegura el veto automático e invariable de la administración estadounidense.
En este escenario de bloqueos cruzados, los tres principales aspirantes carecen de margen político autónomo para superar los vetos que pesan sobre sus candidaturas. La resolución del conflicto depende ahora exclusivamente de las delegaciones de Estados Unidos y China, involucradas en una disputa global de poder que abarca la carrera tecnológica, el control de los minerales críticos y la hegemonía en los mercados comerciales. Solo un entendimiento de alto nivel entre Trump y Xi permitiría encaminar el proceso de selección, que mantiene un final completamente abierto.
Restan apenas 76 días para que concluya el mandato de António Guterres al frente de las Naciones Unidas.















