La última homilía del sacerdote Patricio Sánchez estuvo centrada en la fe, el uso del tiempo y las prioridades de la vida. “Dios debe estar primero”, expresó ante los fieles antes de morir, luego de que una cruz le cayera encima durante una misa, según la información difundida tras el hecho. En su mensaje, Sánchez planteó la necesidad de revisar las prioridades cotidianas y reservar tiempo para la fe. Para desarrollar esa reflexión, comparó las horas que las personas dedican a distintas actividades diarias con el espacio que destinan a Dios.
El sacerdote invitó a los presentes a pensar cuánto tiempo dedican a los celulares, las redes sociales, las películas y las cosas materiales. Frente a esas actividades, señaló que muchas veces no reservan siquiera algunos minutos para Dios, pese a dedicar varias horas a otros asuntos de la rutina. La reflexión estuvo orientada a establecer prioridades y valorar la dimensión espiritual en la vida diaria.
Sánchez también habló sobre el carácter pasajero de la vida y recordó que, tarde o temprano, todas las personas deberán enfrentar la muerte. Desde esa perspectiva, puso el foco en la importancia de valorar el tiempo disponible y utilizarlo en aquello que consideraba verdaderamente esencial. Su exposición estuvo atravesada por una reflexión sobre cómo se distribuyen las horas durante el día y qué lugar ocupa la fe en esas decisiones.
En ese sentido, contrapuso el tiempo destinado a la tecnología, el entretenimiento y los bienes materiales con los minutos reservados para la relación con Dios. También pidió a los fieles reconsiderar cuánto espacio dejan para su fe en medio de las actividades cotidianas. Las palabras tomaron una dimensión particular después del fallecimiento del sacerdote, ocurrido luego de que una cruz cayera sobre él durante una misa.
La última reflexión de Sánchez quedó asociada a un mensaje sobre la vida, la muerte y la necesidad de aprovechar el tiempo. La frase “Dios debe estar primero” sintetizó el eje de una homilía en la que buscó transmitir la importancia de ordenar las prioridades, valorar el tiempo y prestar atención a aquello que, desde su mirada religiosa, resulta esencial.














